APRENDIENDO A ALIMENTARSE CONOCERSE A SI MISMO NADA EN EXCESO
Todo está en el Cerebro: Sintiendo los cambios en el Medio Ambiente

Todo lo que conocemos acerca del mundo nos llega a través de los sentidos. Tradicionalmente, se pensaba que tan sólo teníamos cinco de ellos—visión, audición, tacto, olfato y gusto—.

Actualmente, los científicos reconocen que tenemos muchas otras clases de sensaciones adicionales, tales como el dolor, la presión, la temperatura, la propiocepción, la sensación muscular y el movimiento; pero todas estas son incluidas generalmente en el sentido del "tacto". Las áreas cerebrales involucradas son llamadas áreas "somatosensoriales".

Aunque le prestamos muy poca atención a los sentidos, cada uno de ellos es exquisito y prácticamente irremplazable; de acuerdo a lo que descubrimos, para nuestra angustia, si perdemos uno de ellos. Las personas tienen usualmente más temor a la ceguera que a otras discapacidades. Sin embargo, la sordera puede ser mucho más desventajosa, especialmente en las etapas tempranas de la vida, cuando los niños aprenden el lenguaje.

Por este motivo, los logros alcanzados por Helen Keller fueron tan extraordinarios. Como resultado de una severa enfermedad a la edad de 19 meses, perdió la visión y la audición, y se hundió en un universo totalmente oscuro y silencioso. Keller fue rescatada de su terrible aislación por su maestra, Anne Sullivan, quien se las arregló para explicarle, generando señales al golpear suavemente la palma de la mano de la pequeña chica, que las cosas tienen nombres, que las letras forman palabras, y que las mismas pueden ser usadas para expresar deseos o ideas.

Más tarde, Helen Keller se transformó en escritora (su autobiografía, La historia de mi vida, fue publicada mientras ella todavía era una estudiante universitaria, en la Universidad Radcliffe) y en una reconocida benefactora de los discapacitados. Su notable desarrollo se debe en gran medida a su determinación, a su maestra y a su familia. Pero también muestra que cuando un sentido (o dos, como en el caso de Helen Keller) está ausente, otro sentido (tacto, en su caso) puede ser entrenado para compensar, al menos en parte, la pérdida.

Lo que percibimos a través de nuestros sentidos es bastante diferente de las características físicas de los estímulos a nuestro alrededor. No podemos ver luz en el rango del ultravioleta, aunque las abejas pueden, y no podemos detectar luz en el rango del infrarrojo, aunque las serpientes de cascabel pueden hacerlo. Nuestro sistema nervioso sólo reacciona a un selectivo rango de longitud de onda, vibraciones u otras propiedades. Esto está limitado tanto por nuestros genes como por nuestras experiencias pasadas y por nuestro estado de atención en el momento.

Lo que nos llama la atención, en muchos casos, es el cambio. Nuestros sentidos están delicadamente afinados al cambio. Los objetos estacionarios o que no sufren modificaciones se transforman en parte del escenario y, en su mayoría, no son vistos. Los sonidos habituales se transforman en ruido de fondo, principalmente no escuchado. La sensación de un suéter en nuestra piel, desaparece rápidamente. Nuestros receptores táctiles, "tan alertas al principio y tan hambrientos por novedades, después de un rato dicen el equivalente eléctrico de ‘Oh, eso de nuevo’, y comienzan a dormitar; entonces, podemos seguir adelante con nuestras vidas", escribe Diana Ackerman en "Una historia natural de los sentidos".

Si algo en el medio ambiente cambia, necesitamos darnos cuenta porque puede significar un peligro o una oportunidad. Supongamos que un insecto se posa en nuestra pierna. Instantáneamente, los receptores del tacto, presentes en la pierna en cuestión, disparan un mensaje que viaja a través de la columna vertebral y sube al cerebro. Ahí, pasa al hemisferio cerebral opuesto (el hemisferio derecho del cerebro controla el lado izquierdo del cuerpo y viceversa) para alertar a las células cerebrales ubicadas en una región en particular, en un mapa sensorial del cuerpo.

El mapa del cuerpo que tiene el cerebro, se extiende a lo largo de una franja vertical en la corteza cerebral, cerca del cráneo. La corteza—una gran lámina de neuronas, o células nerviosas, profundamente arrugada, presente en la superficie de los dos hemisferios cerebrales—gobierna todas nuestras sensaciones, movimientos y pensamientos.

El mapa sensorial de los humanos fue trazado originalmente por el neurocirujano canadiense Wilder Penfield, en 1930. Luego de operar a pacientes que sufrían de epilepsia, Penfield estimuló partes diferentes del cerebro, con electrodos, para localizar a las células que desencadenaban los ataques. Dado que el cerebro no siente lo que le está pasando, Penfield pudo hacer esto mientras los pacientes estaban despiertos.

De esta manera, Penfield aprendió exactamente, en poco tiempo, donde estaba representada en el cerebro cada parte del cuerpo que era tocada o movida. Luego, él mostró los resultados en sus famosos dibujos "homúnculos" de las áreas somatosensoriales y motoras.

Sorprendentemente, estos mapas no reflejaban con exactitud el tamaño de las partes del cuerpo, pero sí su sensibilidad. Los brazos y las piernas toman muy poco espacio, a pesar de su extensión. A la cara y las manos, que son mucho más sensitivas y complejas, se les ha dado más espacio, especialmente a los extremos de los dedos. Sin embargo, la señal de que un mosquito se ha posado en la parte de atrás de la pierna izquierda llega fuerte y claramente. En una fracción de segundo, mediante un proceso de decisiones que aún no se entiende, esta señal lo hace a uno aplastar al insecto justo en el lugar adecuado.



Estos famosos mapas trazados por Wilder Penfield muestran que cada parte del cuerpo está representada en dos franjas presentes en la corteza cerebral.

FUENTE:

http://www.hhmi.org/senses-esp/a120.html

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